“Normalizar la lactancia materna”

Normalizar la lactancia materna. 

Hace unos días leí esa frase en una red social y la verdad me parece increible! 

¿Desde cuando es algo extraño? ¿Desde cuando se alejó de lo natural el amamantar a nuestros bebes? ¿Desde cuando permitimos que se convirtiera en algo que hay que pensar, que hay que hacer respetar?¿ Desde cuando nos desconectamos de nuestro instinto? 
¿Que ha sucedido con nosotras para que dudemos de nuestra capacidad de alimentar a nuestros bebes? ¿Qué es tan importante como para prescindir de darle lo mejor a nuestro bebe? 

Y debo decir que cuando hablo del tema siempre aparecen personas, incluso amigas mías que me dicen: “es que tú tuviste la suerte de tener leche, pero en cambio yo solo tuve dos semanas y no le llenaba a mi bebe por eso le di fórmula y luego ya no tuve leche”. Puedo entender y veo mucho ese escenario, pero en su caso nada en realidad les impedía amamantar, es solo que creyeron que el bebé no se llenaba porque pedía teta a cada rato o creyeron que debía dormir con horarios como algunas personas les “aconsejaron”. Y luego de unos días que el bebé tomaba más biberón la leche simplemente desapareció porque no había el estímulo que le da la succión del bebé. Y así se quedaron con la idea de que no pudieron cuando lo cierto es que no sabían cómo, no tenían apoyo, no buscaron información o se quedaron con la opinión de un solo pediatra. 

Mi decisión fue firme: mi leche y punto!

Y yo no soy una súper mamá, aunque afortunada no soy sobrenatural. No es que a mí mágicamente me brotaron cantidades industriales de leche, no es que uff que lindo mi bebé al toque logró aumentar mi producción. Tuve días durmiendo poco, dándole a mi hijo a libre demanda el pecho, probando posiciones, hidratándome y también muy cansada pero sabía que quería darle solo leche materna, sabía que era lo mejor y tuve que armarme de paciencia para que luego todo fluyera. Dolió un par de veces hasta que mi hijo pudiera lograr el agarre correcto, pero pude porque quise y porque busque apoyo en mi flaco, mi hermana y familia y porque por sobre todas las cosas estábamos plenamente convencidos que no había nada como la leche de mamá. Me tocó lidiar también con una pediatra que quería que no dejará dormir tanto al bebé, que lo despertara y le diera tres onzas de biberón (hasta la marca de fórmula me la dio en receta, con medida y todo) pero mi decisión fue firme: mi leche y punto! 

Y es que como en todas las profesiones: hay que buscar siempre segundas opiniones. 
Al final en todo este tema de la lactancia veo dos aspectos: 

Por un lado la inexperiencia y el mal consejo del entorno hace que nos rindamos muy pronto, que no busquemos más alternativa porque al lado está la lata que puede resolverlo todo. Lata que por cierto en muchos casos se ha vuelto simple y llanamente un negocio descarado sin el más mínimo respeto. Hay casos médicos reales donde la mamá no puede alimentar a su bebé y para esos casos específicos me parece genial que se haya creado la fórmula, pero ese porcentaje es bajísimo. Sin embargo los consumidores de fórmula son un porcentaje altísimo porque se le ha dado el uso indiscriminado como si estuviera a la par que la leche de la mamá. 

De pronto, hacemos caso a un “dale biberón para que se llene” “la Fulanito gold es buenaza” “la enfamagica es muy completa”. 
Y lo creemos y nos convencemos de ello tan fácilmente que no entiendo porque esa misma convicción no la sentimos en nosotras mismas. He visto mamás probando una, dos, tres hasta cuatro marcas distintas para ver cuál acepta su bebé. Y no puedo entender cómo no les basta ver que sus hijos vomitan la leche porque no les cae bien, porque no la necesitan. Pero insisten en preguntar por una marca mágica que les permita dormir ocho horas seguidas como su vecina o su amiga o su cuñada. Como si eso fuera más importante que la nutrición de un niño. Eso sí me parece una locura pero bueno. 

Por otro lado llego a la conclusión que hay un efecto que surge a costa de nuestra inseguridad, situaciones emocionales sumados al exceso de marketing y en lamentables casos de hijos que llegan porque “ya toca” y no porque los planeamos que da como resultado: dependencia a la fórmula y verla como algo más saludable y práctica que nuestra propia leche. La pintamos como “aliada irremplazable de la mujer que trabaja” “la mujer independiente” y la sobrevaloramos tanto que nos perdemos de vista. 

Debo mencionar aquí que tengo una amiga que trabaja en oficina y que le ha dado LME a su bebé sin problema. Querer es poder ¿no? 

Pero a lo que iba. 

Siento que este otro aspecto implica a veces combatir la idea que sí nos quedamos a amamantar a nuestro bebe somos menos mujeres, menos fuertes, menos valiosas. 
Creo que lo que hay que normalizar es como nos vemos a nosotras mismas. Que no nos arrollen esos discursos de que la mujer de hoy no es para quedarse en casa, la mujer de hoy tiene que tener siempre plata en el bolsillo, la mujer de hoy puede con una vida de oficina y etc. Porque si! Podemos! Podemos todo lo que queramos, es simplemente que no necesitamos demostrárselo a nadie, es solo que no hay prisa, no hay más prioridad que el bienestar de nuestro bebe y eso, lo sabe el mundo entero: es la leche de su mamá. 

Que nadie te haga dudar, que el desconocimiento no te sobrepase, yo sé y estoy convencida que una mamá quiere lo mejor del mundo entero para su bebé, pero también sé que el entorno puede influir mucho en los primeros días en que un niño le da un giro de 360 a nuestra vida, sé que en esos momentos somos muy sensibles y vulnerables y son precisamente esos días los más importantes para lograr una lactancia exitosa. 

Hay quienes la tienen clara pero hay quienes con discursos de sociedad están buscando aplicarlos a su vida cuando no hay la necesidad ni el sentido. Una mujer puede quedarse en casa con sus hijos y no por eso es menos mujer, puede “depender” económicamente del marido ¿por qué no? Si se tiene un buen marido, si él sabe reconocer que mientras trae los frejoles nosotras en casa los cocinamos y además lavamos la olla y con la otra mano mecemos el coche. Y aquí es donde realmente resalto la importancia del rol de los papás, de ese flaco que tenemos al lado como apoyo, soporte, como coautores de una vida que empieza. 

Hay que perder el miedo, ese absurdo de que si no trabajamos (fuera) nos estamos haciendo menos mujeres, menos valiosas. 
Y claro! Nos gusta trabajar (porque dudo haya mujer que no), tener dinero en la cartera para nuestros gustos (que terminan siendo compras para los bebés) pero no perdamos de vista lo importante: 

Hacerlo porque queremos y estamos convencidas pero nunca por cumplir con algo, nunca para demostrarle a nadie nada. 
Saber lo que valemos, quienes somos y qué queremos. Saber que nuestra leche es para nuestros hijos no para tirarse en la ducha, saber que esa lata de comida artificial no es para nuestros bebes si en nuestro seno tenemos para alimentarlo. Y para las mujeres que trabajan y llevan a la par una lactancia exitosa todo mi respeto y admiración. A ti Nati 😊: flaca deseo haya más mujeres como tú. 

“La lactancia no es fácil ” me dijeron una vez. Y la verdad es que no existe el facil o difícil en algo así porque entonces, ¿caminar es difícil? ¿el nacer tiene grado de dificultad? ¿No verdad? 
Es porque son procesos naturales, etapas del ser humano que fluyen si lo permitimos. No interrumpamos lo natural de la vida, no pongamos en el organismo de nuestros bebes alimentos artificiales innecesariamente. 

Y si decidimos usarlo (porque aunque no me guste la idea hay miles de bebes alimentados exclusivamente con fórmula ) que sea con plena conciencia y no con excusas o ignorancia. 

“La OMS y la UNICEF afirman que la leche materna proporciona al bebé la nutrición para su correcto desarrollo.”

“La leche materna proporciona al bebé defensas naturales que actuarán en su salud a lo largo de su vida”

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