Compartir, es una forma de amar – #Alys

El año pasado decidí hacer algo por alguien más, alguien que no conocía siquiera (las chicas del hogar de madres adolescentes Reina de La Paz), y en el camino hubieron quienes intentaron desanimarme y desmerecer lo que estaba haciendo, la verdad empezando por mí misma creía y creo que hice solo algo pequeño.

Empece contactando a Marisol de la fundación Ángeles de Esperanza, y fue ella la primera en confiar en mi, luego hubieron un sin fin de llamadas y correos con Selene quien me soporto haciéndole mil preguntas y estuvo el día que entregamos las donaciones.

Muchas personas no tienen idea de lo que representa hacer cosas como ésta, yo tampoco tenia idea pero me atreví a asumir el reto. Tuve a mi lado a personas de purisimo amor que me ayudaron y me dieron ánimos en esos momentos en que sentí que no iba a poder hacer las cosas. Lo sé, suena dramático, pero la verdad era mucho trabajo seleccionando, envolviendo, separando lo que servía de lo que no, llamando para coordinar, soportar criticas de quienes no estaban haciendo nada, etc. Pero claro: criticar es gratis y a algunos les encanta.

Y por supuesto no falto quien dijo: yo creí que era bastante!-mirando los paquetes de las donaciones- y yo no dije nada. Solo pensé…

No era bastante, era todo lo que habíamos podido juntar en unas cuantas semanas, era todo lo mejor que teníamos, era todo nuestro esfuerzo ( #TeamAlysMamá y además mi prima y mi tía)  cargando y yendo de aquí para allá recogiendo donaciones de mamás que no podían salir de casa, era todo el trabajo de envolver todo de regalo, era todo el tiempo que invertimos en hacerlo, un par de noches durmiendo muy tarde, era todo el dinero de nuestros bolsillos para hacerlo posible, y dicen que no se debe hablar de dinero, pero yo pienso diferente, yo sí lo digo porque trabajamos para tenerlo, porque lo invertimos para ayudar, porque nos desprendemos de él como lo que es: simplemente dinero, pero que empleado de buena forma resulta en la sonrisa de alguien.

Y al final la vida te dice si lo que haces vale o no la pena:

El día que visitamos el hogar hubo una de las chicas que ni bien recibió sus cosas se las puso a su bebé, me acuerdo claramente del enano correteando con sus zapatillas verdes y su casaca, me acuerdo de la sonrisa de su mamá y de la tarjeta que llegó a mi casa: hecha a mano y dándome las gracias por mi buen corazón.

 

Les voy a ser sincera, no me creía una persona de buen corazón, creo que no hubiera sido algo que usara para describirme y les confieso: era la primera vez que alguien me lo decía.

Y entonces, todo tuvo sentido.

Realmente quería hacerlo, realmente quiero seguir haciéndolo.

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